Cualquier sanchólogo habrá detectado ya la estructura bipartita de todas sus intervenciones. La parte de Venus y la parte de Marte. En la primera ensaya la lírica de masas aflautando el tono, poniéndole ojitos al teleprónter, aterciopelando la voz hasta rozar el susurro erótico, convencido de que así es como suena un líder con lecturas y conciencia, profundamente concernido por la grave situación. En realidad solo se ciñe al manual: nunca desprecies una buena crisis exógena, oportuno burladero de tus cuitas domésticas. Por eso mima la puesta en escena y encarga el discurso a su negro más civilizado. Y por eso en esta fase venusiana dice cosas a menudo razonables, que él mismo no entiende y que le exigen un esfuerzo actoral extraordinario, nunca convincente.
Pero luego llega la fase marciana. Es decir: bélica, hostil, confrontativa. Y aquí ya Pedro deja de fingir y se deja llevar por su propia naturaleza. Todo recuerda mucho a aquel sketch donde José Mota parodiaba la saga de Matrix, y en especial el contraste entre la presunta profundidad de los argumentos y el desahogo primario de las escenas de lucha. "De diálogos ya hay: ahora toca palos", decía Mota-Neo. Y se liaba a palos. Igual que Pedro: primero plagia la altura de miras del estadista y luego agacha la cabeza y embiste a la oposición. Pero él sabe íntimamente que solo resulta creíble en el segundo movimiento.
Reconozcamos sin embargo que esta vez hubo mucho más de Venus que de Marte. Llevaba Moncloa tanto tiempo preparando el discurso de respuesta a la guerra arancelaria de Trump que cuando al fin llegó la ocasión habían rodado incluso una campaña publicitaria: "Compra lo tuyo. Defiende lo nuestro". El eslogan ganaría crédito en boca de un Gobierno que no hubiera abrazado la plurinacionalidad por un puñado de votos: Puigdemont y Otegi son muy suyos para "lo nuestro". Por lo demás, ver a Pedro Sánchez proclamando que sus principios no están en venta mueve a la carcajada. Los principios de Pedro son precisamente el producto que más aranceles ha pagado de Europa con diferencia. Sus socios separatistas llevan siete años cobrándoselos.
No tengo espacio aquí para comentar todas las mentiras -perdón, todas las faltas de correspondencia entre lo declarado y lo cometido- del discurso de Pedro, antagonista virtuoso del archivillano anaranjado, paladín del mundo libre con sede en Waterloo. Destacaré solo cinco.
1. "Vivimos en una época marcada por el pensamiento de suma cero. Personalidades que creen que la vida es una batalla sin cuartel. Y que las ganacias de unos significan las pérdidas de otro"
Del inventor del "no es no" llega ahora un canto al acuerdo y la cooperación. El hombre que enroló hasta la imputación al fiscal general del Estado en su enfermiza guerra contra Ayuso se queja de las batallas sin cuartel. El vigilante del muro que no pide cuartelillo al PP ni para cumplir con la OTAN deplora la lógica del ellos o nosotros. El que acaba de encontrar en la guerra entre la universidad pública y la privada el enésimo frente polarizador para movilizar a la izquierda pavloviana lamenta las personalidades divisivas, esas que creen que las privadas son chiringuitos que atraen a los alumnos que están perdiendo las públicas.
2. "Hubo una época marcada por los dogmas neoliberales y el sálvese quien pueda. Por la resignación cristiana. Pero esa época pasó. Este Gobierno está presente: ahí está la dana de Valencia"
El galgo de Paiporta reivindica su presencia sobre el terreno inundado por la riada. Durante unos minutos, al menos. Y carga contra el malvado neoliberalismo el mismo que gustaba de inaugurar el curso político rodeándose del Ibex 35, que presenta un beneficio récord de 62.725 millones en un país que ha perdido 12.000 pymes desde 2019. Un país donde se acentúa el descuelgue de los jóvenes precarios y donde la pobreza infantil ronda el 30%, la peor tasa del continente. Niños a los que alimentan a diario, sin resignarse, entidades cristianas como Cáritas.
3. "Debemos lograr que la sinrazón de algunos líderes no la acabe pagando la mayoría social"
Debe de tratarse de una velada referencia a los líderes de Junts y ERC, promotores de aquella sinrazón conocida como procés. Partidos que apenas representan el 1,6% y el 1,8% respectivamente de todo el censo electoral español, pero que a pesar de eso exhiben su tiránica capacidad de chantaje sobre el Gobierno hasta el punto de arrancarle un cupo insolidario y una quita injusta que bloquean el diseño de un modelo actualizado de financiación autonómica para 30 millones de españoles. O sea, la mayoría social de la que habla Pedro.
4. "Saldremos más fuertes. ¿Cómo? Vamos recanalizar el plan de transformación y resiliencia para que las industrias mermadas por el shockarancelario puedan reorientar sus capacidades hacia sectores de alta demanda"
He tenido que traducir este párrafo con IA para humanizarlo un poco. Lo que intenta oscurecer el orador con este léxico aspiracional de pijo de máster trucho es que el cacareado plan antiaranceles es un plato recalentado. A falta de presupuestos generales del Estado, se compone de sobras de platos antiguos, del pan duro del crédito y el aval, bien sazonado de pimienta burocrática. Habrá empresas de Jaén que prefieran instalarse ya en Oregón antes de enfrentarse a la maraña de formularios con letra pequeña que les preparará don Carlos Cuerpo. Y los préstamos hay que devolverlos, además. "Vamos a movilizar 14.100 millones", dice Pedro en promesa, donde manda la ambigüedad del verbo y no la engañosa precisión de la cifra. Nadie dice: "Voy a movilizar un bizum". Pagas o no pagas. Y el deseo de Pedro, en esto como en el gasto militar, es que paguen otros. Aunque al sablazo castizo de toda la vida él lo llama "activación de un marco especial de ayudas de Estado mediante una mayor flexibilidad y un fondo comunitario". ¿Pero por qué necesitamos pordiosearle a doña Úrsula? ¿No habíamos quedado en que somos el motor económico de Europa?
5. "A lo largo de estos siete años he tenido que enfrentarme a situaciones muy difíciles: la pandemia, la invasión de Ucrania, las emergencias climáticas. Siempre las he afrontado con la misma actitud: con espíritu de equipo, con vocación de diálogo, mirada larga y compromiso social con la mayoría"
En este punto me estalló el boli. ¿Por dónde empezar? Quizá por el uso patológico de la primera persona del singular. Pedro enfrentándose a la pandemia, como si el laboratorio de Wuhan estuviera ubicado en el edificio Semillas del complejo monclovita. Y como si el jefe espectral de su comité de expertos inexistente no hubiese aconsejado manifestarse un 8-M a pleno pulmón, semanas antes de avenirse a un confinamiento medieval, meses antes de amañar la desescalada con criterios políticos y años antes de arrojar el saldo de país con mayor excedente de muerte y ruina del planeta junto con Italia, el Reino Unido de Boris y el Perú de siempre. Pero la epopeya de las doce pruebas pedristas continúa con la guerra de Putin y termina por el armagedón climático. Hay que imaginar a Pedro solo, en singular, poniendo el cuerpo en Odesa frente a los drones rusos o poniendo toda su voluntad ecopolítica en enfriar los polos.
Nos había advertido de que quería concluir con un apunte personal. Pero el trance neroniano estaba resultando grotesco hasta para él, así que se corrigió invocando "el espíritu de equipo y el espíritu de diálogo". Dos cualidades que alcanzaron su apoteosis en aquellos cinco días de psicodrama peronista de los que va a cumplirse un año. Tanto equipo y tanto diálogo le puso a la espantada que hasta María Jesús Montero se puso a conspirar para la sucesión, pecado que pena con una explotación laboral que la tiene al borde de un casting de Almodóvar. Lo del "compromiso social con la mayoría" ya lo hemos explicado con ayuda de Puigdemont. Y tratándose de un superviviente que paga el aquiler en Moncloa vendiendo sus cambios mensuales -incluso semanales- de opinión al mejor postor, su presunción de largueza ocular solo podría disculparla un diagnóstico galopante de hipermetropía.
"Compra lo tuyo. Defiende lo nuestro". La publicidad se inventó para mentir, pero si quisiéramos ajustar esta campaña a su verdadero objetivo electoral deberíamos titular: "Compra lo suyo. Defiende a tu Pedro".